LA SANTA BIBLIA

LA SANTA BIBLIA

lunes, 4 de febrero de 2019

“YO PLANTÉ, APOLOS REGÓ; PERO EL CRECIMIENTO LO HA DADO DIOS.”

- Marcos 4:26-29 "Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado." En la parábola anterior del sembrador se enfatizaba la responsabilidad humana frente a la predicación de la Palabra. En esta parábola se destaca el crecimiento de la semilla por el poder de Dios a través de su Palabra. Es importante ver la Escritura en su conjunto para no hacer énfasis indebidos. Por ejemplo, si sólo tuviéramos en cuanta la parábola del sembrador, parecería que la salvación es algo que nosotros nos ganamos por nuestra propia decisión, pero esta parábola pone el contrapunto para recordarnos que la salvación es el resultado de la obra sobrenatural de Dios en nosotros realizada por su Espíritu Santo a través de su Palabra. Interpretación de la parábola Seguramente la parábola representa al Señor Jesucristo predicando la Palabra durante su ministerio público antes de regresar al cielo. La semilla sembrada empieza a crecer de forma misteriosa, imperceptible pero victoriosa. Finalmente, después de un tiempo indeterminado se desarrolla una cosecha de verdaderos creyentes que son llevados al granero celestial. Otra posible interpretación sería que el sembrador se refiere a los creyentes que predican la Palabra que crece en los corazones sensibles hasta que son llevados al cielo por medio del arrebatamiento o la muerte. El reino de Dios En la parábola del sembrador vimos que el Reino se extiende por el acto de sembrar la semilla de la Palabra. Aquí vemos que el Reino crece de una manera oculta, por el proceso interno de la germinación de la semilla. Aprendemos también que el Señor enseñó que el Reino no se manifestaría de forma inmediata, sino que lo haría según el horario establecido por Dios mismo, del mismo modo que la semilla sembrada no da fruto inmediatamente. Este concepto del Reino chocaba frontalmente con las expectativas judías de aquella época, puesto que ellos esperaban un reino exterior, establecido con ostentación y pompa de forma inmediata cuando viniera el Mesías. La parábola llama también nuestra atención sobre el hecho de que el avance del Reino no depende del hombre, que de hecho no llega ni siquiera a entender la forma en la que la semilla puede crecer ("crece sin que él sepa como"). El labrador La tarea del labrador en esta parábola consiste en sembrar la semilla y segar el fruto al final. Es evidente que un labrador hace mucho más que esto, pero el énfasis de la parábola está en el hecho de que el labrador no puede hacer nada para que la semilla crezca, poniendo así en evidencia la impotencia humana en el crecimiento del Reino de Dios. La parábola nos enseña también que sembrar es la responsabilidad del sembrador. Es cierto que no tiene poder sobre el crecimiento de la semilla, pero sí que puede y debe sembrar. Y de la misma manera que hay un tiempo adecuado para sembrar en el campo, también podemos decir que este es nuestro tiempo para sembrar la Palabra de Dios. No olvidemos que el trigo no nace donde la semilla no ha sido sembrada. Esta es la razón por la que Cristo escogió a Doce para enviarlos a predicar, luego a setenta y finalmente a todos sus discípulos. Mientras que los reyes de este mundo preparan y envían soldados, Cristo envió predicadores. Nos recuerda también las diferentes etapas en el trabajo del labrador. Habrá días en que todo lo que uno hará es sembrar, habrá otros días en que tendrá que esperar y otros en los que segará. La semilla ¿A qué hace referencia la semilla? Por la parábola del sembrador pudimos identificar la semilla con la Palabra (Mr 4:14). La Palabra tiene en sí misma el secreto de la vida y del crecimiento. Tiene el poder divino para que nosotros nazcamos otra vez (1 P 1:22-23) (Stg 1:18). Tiene poder para ayudarnos a crecer (1 P 2:1-2). Tiene poder para salvar nuestras almas (Stg 1:21). Todo esto es posible porque la palabra de Dios es viva y poderosa, está llena del Espíritu Santo que da vida (He 4:12) (Jn 6:63). El labrador debe tener confianza y esperanza en el poder de la Palabra. Vale la pena predicar y enseñar. No caigamos en el error de vaciar de contenido el mensaje de la Palabra de Dios, porque nos parezca duro de oír, utilizándolo solamente para acariciar los oídos de la gente. Ese no es el fin de la Escritura (2 Ti 3:16-17), sino el de enseñar, redargüir, corregir, instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra, pero también para compungir el corazón de los pecadores y procedan al arrepentimiento (Hch 2:37-38). El crecimiento de la semilla 1. La semilla "de suyo" contiene todos los ingredientes necesarios para fructificar Es el poder interior del Espíritu Santo el que produce el inicio del proceso, así como el proceso y la consumación de la obra. Nosotros no sabemos cómo actúa el Espíritu, por medio de la Palabra, para cambiar un corazón regenerándolo. Este crecimiento puede ser lento, pero es continuo; una vez que germina la semilla de la salvación en el corazón del hombre, nada puede impedir el desarrollo de la obra de Dios. El Apóstol Pablo estaba convencido de ello, y lo dice a los filipenses (Fil 1:6) "Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo". 2. Lo que Dios comienza, Dios lo termina Por mucho que se esfuerce el enemigo del Reino de Dios, el diablo, por impedir el desarrollo de la Obra, nada podrá hacer. Aunque ponga en actividad todos sus medios para hacerlo, el plan de Dios seguirá adelante. Durante siglos, nadie ha podido ahogar la semilla del Evangelio, aunque se han hecho muchos intentos para ello. Ni las persecuciones del imperio romano, ni la inquisición, ni la persecución moderna en algunos países, ni la introducción de herejías destructoras en la Iglesia, ni las divisiones internas; ninguna cizaña ha podido con el crecimiento de la semilla, que sigue dando fruto y lo seguirá dando hasta el día de Jesucristo. No hay nada tan poderoso como el crecimiento. Un árbol puede quebrar una acera de hormigón con el poder de su crecimiento. Una planta puede asomar su cabecita verde en un camino de asfalto. 3. No se puede forzar el crecimiento por medios propios En la actualidad, parece que muchos están olvidando, o han dejado de confiar, en el poder de la Palabra. Por uno y otro lado surgen ideas alternativas para hacer crecer rápidamente la Iglesia. Muchas de ellas son tomadas del mundo de los negocios. A continuación resumimos algunas de ellas: La iglesia crecerá cuando estemos convencidos de que va a crecer. Cuando mejoremos su organización. Cuando tengamos líderes mejor cualificados. Cuando estemos dispuestos a "pagar el precio" gastando energías, dinero, tiempo, probando nuevas ideas, haciendo cambios constantemente. Cuando nos acerquemos al mundo y estudiemos lo que espera de la iglesia y sepamos adaptarnos a ello. Cuando la iglesia se involucre más en la obra social. Cuando convirtamos los templos en lugares confortables y "amistosos", mejorando aspectos como el sonido, la iluminación, los asientos... Cuando sustituyamos la enseñanza bíblica por música y actuaciones variadas. Cuando eliminemos todo aquello que pueda molestar a los simpatizantes, como por ejemplo mensajes de reprensión por el pecado. Como cristianos no podemos aceptar estas técnicas que usa el mundo empresarial para atraer a los consumidores. Nuestra confianza debe estar puesta únicamente en el poder de la Palabra obrando por el Espíritu Santo. No podemos volvernos a la pericia humana en los campos de la psicología, los negocios, el gobierno, la política o el entretenimiento. Recordemos algunos ejemplos bíblicos para ver que muchas de estas ideas modernas no proceden de la Palabra. Dios le dio a Jonás un sermón para predicar en Nínive nada popular ni amistoso: "De aquí a cuarenta días Nínive será destruida" (Jon 3:4). Y aquella gran ciudad se arrepintió. Juan el Bautista predicó bajo el poder y la autoridad de Dios diciendo: "arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mt 3:1-12). Y ya sabemos que no predicaba en un lujoso templo, ni vestía a la última moda, ni tampoco intentaba agradar a los oídos de los que le escuchaban, pero sin embargo, de todas las partes del país venían al desierto a escucharle y eran bautizados confesando sus pecados. Tampoco el Señor predicó habitualmente en el templo o las sinagogas, sino que era frecuente verle predicando desde una barca, o por el camino, o en lugares desiertos donde la gente iba a buscarle. Y ¿por qué? Pues porque los judíos se habían sentido ofendidos por su mensaje claro y directo que les resultaba ofensivo. La realidad es que estas técnicas mundanas intentan esconder cierta desconfianza en la Palabra. Muchos parecen creer que el mundo moderno en el que vivimos necesita de otras cosas, otros alicientes para que el hombre se acerque a Dios, pero nos engañamos; sólo la Palabra viva de Dios puede atraer al pecador hasta Dios y tiene el poder para transformarle. Siendo honestos, hay que decir también que estas técnicas no funcionan. El único crecimiento que en la mayoría de las ocasiones experimentan es por "transferencia", es decir, personas de otras iglesias que buscan un lugar más "confortable" para su vida espiritual. Pero ¿cuántas de estas personas seguirían en la iglesia si les quitáramos las actuaciones y la música, si en lugar de cómodos asientos y grandes templos se tuvieran que reunir en ambientes de pobreza y persecución? ¿Cuántos perseverarían si lo único que quedara fuera el predicador y la Palabra? La paciencia del labrador El crecimiento lento de la semilla es un llamamiento a la paciencia del labrador. Este crecimiento es apenas imperceptible. Si vemos una planta todos los días no percibimos su crecimiento. Es como el crecimiento de los niños. En especial esto es una dura prueba para el hombre moderno que desea que todas las cosas se hagan rápidamente y que mide el éxito por la rapidez con que algo se logra. Seguramente una de las tendencias más destructivas en la iglesia actual es nuestra insistente exigencia en obtener resultados de inmediato. ¡Cómo nos cuestan las esperas! Pero Jesús dijo: "Primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga". Es un proceso observable pero que lleva su tiempo. Una ilustración: Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en "No Apto" para Impacientes: Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla aparentemente durante los primeros siete años. A tal punto que, un cultivador inexperto, estaría convencido de haber comprado semillas no fértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas... la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. El labrador debe descansar sabiendo que Dios está obrando. ¡No todo depende de él! (1 Co 3:6) "Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios." Dios es el protagonista supremo de la obra del Reino.

martes, 29 de enero de 2019

MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN

(Interpretación MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas." (Daniel 5:1-31) Los acontecimientos que se registran en los cuatro primeros capítulos de Daniel tienen que ver con el reinado de Nabucodonosor, quien fue el que extendió y unificó el imperio babilónico y lo llevó a su mayor esplendor. Después de haber reinado durante 43 años, murió en el año 562 a.C., sucediéndole en el trono su hijo Evil-Merodac, quien gobernó durante dos años, hasta que fue asesinado por su cuñado Neriglasar (o Nergal-sarezer), quien a su vez ocupó el trono los siguientes cuatro años. A su muerte le sucedió su joven hijo Labashi-marduk, quien sólo reinó unos meses, pues fue asesinado y sustituido por Nabonido, quien gobernó 17 años (556 - 539 a.C.). Él trabajó duro para restaurar la gloria que había alcanzado Babilonia bajo el reinado de Nabucodonosor, lo que le llevó a estar ausente de la capital durante largos períodos. Belsasar era su hijo mayor y fue designado corregente por su padre, por esta razón es llamado rey (Dn 5:1), puesto que ejercía autoridad real a pesar de que Nabonido tenía el trono. Y se menciona que era hijo de Nabucodonosor (Dn 5:2), en el sentido de que éste era su predecesor más ilustre (no olvidemos que en el lenguaje semítico el término hijo no siempre se refiere a un hijo biológico). A la luz de todos estos datos, podemos concluir que entre los capítulos 4 y 5 de Daniel hay un período de unos veintitrés años en el que varios reyes se sucedieron en el trono. Éste fue un tiempo marcado por un deterioro gradual, conflictos internos, intrigas y asesinatos. Mientras tanto, Ciro, el gran rey del imperio medo persa, se acercaba a la región con la intención de conquistar el imperio babilónico. El capítulo 5 de Daniel describe la noche anterior a que Ciro entrara en Babilonia. El banquete del rey Belsasar (Dn 5:1-4) "El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas. Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra." Nos sorprende que teniendo el ejército medo persa a las puertas de Babilonia, el rey Belsasar hiciera un gran banquete a mil de sus príncipes, y que se dedicara a beber vino con ellos. Todo esto nos da una idea de la arrogancia de Belsasar, el rey corregente babilonio. ¿Por qué estaba tan confiado? Quizá, puesto que su nombre significaba "Bel (el otro nombre dado al dios Marduk) protege al rey", tal vez se sentía seguro por este hecho. También podía estar confiando en que pensaba que la ciudad era inexpugnable e invencible. Recordemos que tenía una enorme muralla de 24 kilómetros y un ancho por el que podían circular cuatro carros a la vez. Además, contaban con suficientes provisiones de grano, y había un canal que llevaba el agua del río Éufrates atravesando la ciudad. Otros han sugerido que sí que estaba preocupado por la presencia del ejército medo persa, y que lo que buscaba con esa fiesta era quitárselo de la mente y poder disfrutar durante un rato. O tal vez simplemente había planeado ese banquete para transmitir confianza a su pueblo, dándoles a entender que no debían estar preocupados por la amenaza. Pero si esta actitud no fuera de por sí imprudente, en medio de la fiesta, "Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas". ¿Por qué Belsasar decidió usar los vasos de la casa de Jehová? No lo sabemos a ciencia cierta. Seguramente pudo haber sido un intento de deshacerse de la influencia de Nabucodonosor, quien había promovido la honra al Dios de Israel. En ese caso, estaría mostrando el desprecio que sentía por él y buscaría con este acto hacer que las gentes de todo su reino volvieran a honrar a los dioses de Babilonia. Notemos que el banquete tenía connotaciones religiosas, puesto que en medio de él "alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra". Como muchas personas en nuestros días, se sienten amenazados por el auténtico Dios del cielo y se proponen desprestigiarlo con todas sus fuerzas, imaginando ingenuamente que de ese modo pueden hacerlo desaparecer. Claro está que los dioses de oro, plata, bronce, hierro, madera o piedra no inquietan a nadie, porque son fácilmente manipulables, pero todos perciben que el Dios eterno que está en el cielo es diferente. Pero la actitud de Belsasar implicaba un desprecio, arrogancia y rebeldía inmensas. Ya no sólo se burlaba del ejército medo persa que tenía a las puertas, ahora también se burlaba del mismo Dios del cielo. Poco se imaginaba que aquella era su última noche sobre este mundo antes de ir a rendir cuentas a su Creador. Ahora bien, ¿qué haría Dios con alguien así? ¿Podría insultarle de esa manera y quedar impune? La escritura en la pared y la reacción de Belsasar (Dn 5:5-12) "En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía. Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra. El rey gritó en alta voz que hiciesen venir magos, caldeos y adivinos; y dijo el rey a los sabios de Babilonia: Cualquiera que lea esta escritura y me muestre su interpretación, será vestido de púrpura, y un collar de oro llevará en su cuello, y será el tercer señor en el reino. Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su interpretación. Entonces el rey Belsasar se turbó sobremanera, y palideció, y sus príncipes estaban perplejos. La reina, por las palabras del rey y de sus príncipes, entró a la sala del banquete, y dijo: Rey, vive para siempre; no te turben tus pensamientos, ni palidezca tu rostro. En tu reino hay un hombre en el cual mora el espíritu de los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en él luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses; al que el rey Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos, por cuanto fue hallado en él mayor espíritu y ciencia y entendimiento, para interpretar sueños y descifrar enigmas y resolver dudas; esto es, en Daniel, al cual el rey puso por nombre Beltsasar. Llámese, pues, ahora a Daniel, y él te dará la interpretación." De repente, el alboroto de los comensales se convirtió en un silencio lleno de temor. Cerca del candelero que iluminaba el salón de banquetes, aparecieron los dedos de una mano de hombre que escribía sobre la pared. Algunos han sugerido que este candelero podía ser uno de los que había en el templo que construyó Salomón y que podía haber sido llevado junto con los vasos de oro. Es imposible saberlo, pero en todo caso, lo que aquella mano escribió lo hizo en un lugar visible donde era visto fácilmente por todos. Podemos imaginarnos el cambio que se produjo en aquella sala. Unos momentos antes todos bebían y reían enloquecidos, ahora están llenos de temor. El mismo rey se levantó de su asiento para ver bien lo que estaba sucediendo, y se asustó tanto que "se debilitaron sus lomos y sus rodillas daban la una contra la otra". Estaba aterrado y no podía sostenerse de pie. Sus mujeres y concubinas, sus príncipes y sus grandes, ven cómo ese hombre, que tan sólo unos momentos antes se levantaba orgulloso ante el Dios del cielo, está ahora muerto de miedo. Y en realidad sólo había visto su mano, ¿qué sería cuando tuviera que comparecer ante su mismo trono en el cielo? ¿Dónde quedaría su orgullo? ¿Y el de todos aquellos que hoy tienen la misma actitud frente a Dios? Inmediatamente, del mismo modo que había hecho Nabucodonosor, también Belsasar reunió a los sabios, magos, caldeos y adivinos, prometiéndoles que si lograban interpretar el significado de aquel extraño fenómeno los recompensaría generosamente. El que lo consiguiera sería nombrado el "tercer señor del reino", porque como ya hemos señalado anteriormente, Nabonido era el rey y Belsasar el corregente, por lo tanto, el puesto más alto que estaba libre era el tercero del reino. También sería vestido de púrpura, algo que le distinguiría como miembro de la nobleza; y llevaría un collar de oro en su cuello, una especie de condecoración por haber prestado un importante servicio al rey. Pero una vez más en este libro, los sabios del rey "no pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su interpretación". Esto sólo sirvió para que el terror de todos los presentes aumentara. Todos estaban perplejos y llenos de una gran confusión. Ya era hora de que hubieran aprendido que las respuestas que el hombre busca acerca de Dios y las cuestiones vitales que le preocupan, no las pueden dar los sabios de este mundo, se necesita el Espíritu de Dios; él es el único que las puede revelar de forma fiable. El texto dice que "no pudieron leer la inscripción". No sabemos la razón de esto, tal vez no era un idioma que ellos conocieran, o se trataba de la forma de la escritura. Aunque pudiera ser que sí podían leer la escritura, pero eran incapaces de entender el carácter profético de las palabras. Esto es lo que el apóstol Pablo dijo siglos más tarde: (1 Co 1:20) "¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?" La conmoción que había en aquel salón de banquetes llegó a oídos de la reina. Mucho se ha debatido sobre la identidad de esta mujer, pero lo importante del asunto es que ella había conocido y recordaba bien a Daniel, un hombre que había estado al servicio del rey Nabucodonosor. Esto ha llevado a algunos a pensar que quizá pudiera ser la misma esposa de Nabucodonosor. En todo caso, fue a instancias de la reina que Daniel fue llamado ante el rey Belsasar, y por medio de él, Dios iba a proveer nuevamente de una fuente de revelación fiable para aquellos monarcas paganos. En este momento habían pasado casi setenta años desde que Daniel y sus compañeros habían sido llevados cautivos a Babilonia. Tenía que ser ya un anciano entre 80 y 85 años. Para ese tiempo, la mayoría ya ni siquiera le conocería. Fue por la recomendación de la reina que fue mandado llamar. Notemos que la reina lo conocía bien y se lo presenta como "un hombre en el cual mora el espíritu de los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en él luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses; al que el rey Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos, por cuanto fue hallado en él mayor espíritu y ciencia y entendimiento, para interpretar sueños y descifrar enigmas y resolver dudas". Daniel es traído ante el rey Belsasar (Dn 5:13-16) "Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y dijo el rey a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea? Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, entendimiento y mayor sabiduría. Y ahora fueron traídos delante de mí sabios y astrólogos para que leyesen esta escritura y me diesen su interpretación; pero no han podido mostrarme la interpretación del asunto. Yo, pues, he oído de ti que puedes dar interpretaciones y resolver dificultades. Si ahora puedes leer esta escritura y darme su interpretación, serás vestido de púrpura, y un collar de oro llevarás en tu cuello, y serás el tercer señor en el reino." A pesar de su avanzada edad, Daniel seguía siendo fiel a Dios y conservaba intactas sus dotes espirituales, mostrando la misma dignidad y valentía que le habían caracterizado en su juventud. Ahora bien, cuando fue presentado ante el rey, éste parece que se refirió a él con cierto desprecio: "¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea?". De algún modo busca recordar a Daniel delante de todos que pertenecía a un pueblo conquistado por Babilonia, pero al mismo tiempo, es probable que también estuviera sorprendido y que hasta tuviera cierto temor, puesto que era al Dios de Judá al que él acababa de menospreciar profanando los vasos de oro del templo. Al fin y al cabo, tanto aquellos elementos del templo de Jehová como el mismo Daniel, habían llegado a Babilonia en el mismo tiempo y de la misma forma. Rápidamente Belsasar iba a comprobar que había en todo esto mucha más relación de la que él podía imaginar en un principio. Luego el rey repitió a Daniel lo que había escuchado de parte de la reina y le ofreció las mismas recompensas generosas que antes había prometido a los sabios si lograba leer e interpretar la extraña escritura de la pared. La respuesta de Daniel a Belsasar 1. Una lección de historia para Belsasar (Dn 5:17-21) "Entonces Daniel respondió y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros. Leeré la escritura al rey, y le daré la interpretación. El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino y la grandeza, la gloria y la majestad. Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante de él. A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba. Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria. Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place." Daniel rechazó con cierta dureza la oferta del rey porque sabía que el reino babilónico había llegado a su fin: "Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros". Este monarca, como todos, estaría acostumbrado a recibir adulación y a comprar los favores de los demás, pero el siervo de Dios no se iba a prestar a eso. Su largo ministerio se había caracterizado por la fidelidad y dedicación a Dios, así como por el desinterés hacia las cosas materiales. Así que, prestaría este servicio al rey como siempre lo había hecho, no por las ganancias personales que esperaba obtener a cambio, sino como un servicio al Dios Altísimo que le había enviado. Ahora Daniel comienza su predicación. Tan sólo unos momentos antes nadie habría estado dispuesto a escuchar a un predicador. Sólo pensaban en comer, beber y divertirse, pero de repente Dios había logrado llamar su atención y todos escuchaban con la máxima atención. Daniel empezó por recordar a Belsasar algunas de las lecciones que Nabucodonosor, su antecesor, había tenido que aprender en el trato que él había tenido con el Dios del cielo. Él había llegado a entender fuera de toda duda que ese Dios es el auténtico soberano, y que reina sobre todas las naciones, eligiendo a los reyes conforme a su voluntad. Había sido él quien dio a Nabucodonosor el reino y la grandeza de las que disfrutó tantos años. 2. El orgullo de Belsasar (Dn 5:22-24) "Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto; sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos; además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste. Entonces de su presencia fue enviada la mano que trazó esta escritura." Aunque como Daniel señaló, Nabucodonosor no había llegado a reconocer al Dios de Judá como el Soberano sino hasta que humilló su orgullo y soberbia. Sólo después de esto (Dn 4), el rey estuvo dispuesto a reconocer la grandeza y autoridad del Dios Altísimo. Belsasar estaba al corriente de ese incidente (Dn 5:22), sin embargo, se negó a prestarle atención y rehusó aprender del ejemplo de su antecesor. Por esa razón su culpa era mayor, ya que él, sabiendo todo eso, se había levantado contra Dios, usando los vasos del templo del Dios del cielo para adorar a sus dioses, así que Dios había decido intervenir. Su situación era muy grave. Como el apóstol Pablo explicó, Belsasar es un fiel representante de muchos otros hombres en todos los tiempos: (Ro 1:21-25) "Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén." Al Dios en cuya mano estaba su vida, Belsasar se negaba a honrarle, y en lugar de eso daba culto a dioses de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra, dioses que ni ven, ni oyen, ni saben. Y desgraciadamente, el ser humano sigue haciendo lo mismo en nuestro tiempo; ellos también adoran lo material, lo terrenal, lo perecedero, y no alzan sus ojos al cielo para reconocer que es Dios quien les da la vida y todo lo que tienen. 3. El juicio de Dios (Dn 5:25-28) "Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN. Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas." Como vemos, Daniel hizo notar a Belsasar que lo que estaba ocurriendo tenía una relación directa con la profanación de los vasos del templo. Aquello había sido una blasfemia contra el Dios del cielo. Esa fue la razón por la que "fue enviada la mano que trazó esa escritura". Con ella, como el rey iba descubrir en un momento, se anunciaba una intervención judicial de Dios con la que pondría fin a su orgullo. Como dice el proverbio: (Pr 29:1) "El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina." Del mismo modo que en el pasado había hecho con Nabucodonosor, Dios se disponía a quintar a Belsasar de su trono y a entregarlo a otras personas. Eso es lo que la escritura de la pared anunciaba. Veamos la explicación que Daniel dio a cada una de las palabras. En total, el mensaje consistía en tres palabras diferentes (la primera se repetía dos veces). Cada una de ellas era un sustantivo relacionado con alguna medida de peso antigua, pero que también se relacionaban con verbos, que son los que Daniel utiliza al interpretar su significado. La idea que nos transmite en conjunto es que Dios anunciaba a Belsasar que a causa de su degradación moral y espiritual, Dios había puesto fin a su reino y lo iba a entregar a los medos y a los persas. Veamos cada una de las palabras y su interpretación: "MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin" "Mene" es un sustantivo arameo que se refiere a un peso de 50 siclos, pero que proviene de un verbo que significa "enumerar", "contar". Como si se tratara de una mercancía que había sido contada y estaba lista para ser liquidada, Daniel le dice al rey que Dios había contado los días de su reino y la suma estaba completa, de tal forma que estaba preparado para ser entregado. Era una forma de decirle que "tenía las horas contadas". Además, el hecho de que esta palabra se repita dos veces trasmite la idea de que su fin era inminente. Belsasar, como muchos otros, pensaba que él era el dueño de su vida, pero iba a descubrir que es Dios quien determina la duración de nuestros días. "TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto" "Tekel" es un sustantivo que se refiere a un peso de 1 siclo (13 gramos), pero que proviene de un verbo que significa "pesar". En la interpretación de Daniel, Belsasar había sido puesto en balanza y hallado deficiente según el sistema de medidas de Dios. En otras palabras; Belsasar era un fraude. Esto nos recuerda que Dios mide la calidad moral y espiritual de cada hombre de acuerdo con los requisitos de su justicia. Como diría Samuel, a Dios "toca pesar las acciones" (1 S 2:3). No es difícil entender por qué Dios encontró insuficiente a Belsasar: él había profanado los utensilios de la casa de Dios, participó en actos de idolatría y tampoco honró a Dios, sino que se ensoberbeció contra él. "PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas" "Uparsin" es otro sustantivo que designa media mina (25 siclos), y proviene de un verbo que significaba "romper en dos" o "dividir". Cuando Daniel interpretó la tercera palabra cambió el plural "parsin" (la "u" de "uparsin" significa "y") al singular "peres" (de cuya raíz proviene el nombre de Persia). Lo que se le estaba anunciando es que su reino pasaría en su totalidad a las manos de la alianza medo persa. Quizás los sabios de Babilonia sí que habían podido identificar las palabras, pero no pudieron interpretarlas correctamente porque no sabían qué era lo que había sido contado, pesado y dividido. Ahora tanto ellos como el rey Belsasar entendieron su significado. Cumplimiento del juicio anunciado (Dn 5:29-31) "Entonces mandó Belsasar vestir a Daniel de púrpura, y poner en su cuello un collar de oro, y proclamar que él era el tercer señor del reino. La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos. Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años." 1. Daniel es recompensado Podemos estar seguros de que a Belsasar no le gustó nada lo que Daniel le acababa de anunciar, pero aun así cumplió su palabra y recompensó al profeta conforme a lo que le había prometido: "Entonces mandó Belsasar vestir a Daniel de púrpura, y poner en su cuello un collar de oro, y proclamar que él era el tercer señor del reino". Todo esto era realmente muy efímero, menos duradero que la flor de la hierba. ¿Qué valor tenía ser "el tercer señor del reino" si ese reino iba a desaparecer en esa misma noche? 2. La conquista de Babilonia por los medo persas Y así ocurrió tal como Dios lo había anunciado por medio de su profeta. Belsasar se sentía seguro dentro de su ciudad fortificada, pero esto no le pudo salvar. La historia nos ha hecho llegar el relato de cómo cayó Babilonia. Debajo de los muros de la ciudad corrían las aguas de un canal que le proveía de agua. Ese canal fluía de norte a sur por el centro de Babilonia. Los medo persas dividieron su ejército; una parte en el norte, por donde el canal entraba a la ciudad y la otra al sur, por donde salía de ella. Luego las tropas ubicadas al norte hicieron desviar el agua del canal, de tal manera que los soldados pudieron entrar por debajo de las compuertas. Una vez dentro de la ciudad los príncipes estaban demasiado ebrios para poder defenderla. Belsasar y sus líderes fueron asesinados, pero los demás no sufrieron mayores daños. De hecho, el pueblo babilonio se alegró de la conquista y no hubo oposición. Con la derrota de Babilonia a manos de los medo persas se dio paso a la segunda fase de los tiempos de los gentiles que Dios ya había anunciado por medio del sueño de Nabucodonosor (Dn 2:36-43). Todo esto confirma una vez más que Dios es soberano y que él actúa conforme a los planes que ha determinado sin que nadie se lo pueda impedir. En este punto es interesante notar también cómo la profecía de la conquista de Babilonia descrita por Isaías mucho tiempo antes se cumplió con total exactitud. (Is 21:5-9) "Ponen la mesa, extienden tapices; comen, beben. ¡Levantaos, oh príncipes, ungid el escudo! Porque el Señor me dijo así: Ve, pon centinela que haga saber lo que vea. Y vio hombres montados, jinetes de dos en dos, montados sobre asnos, montados sobre camellos; y miró más atentamente, y gritó como un león: Señor, sobre la atalaya estoy yo continuamente de día, y las noches enteras sobre mi guarda; y he aquí vienen hombres montados, jinetes de dos en dos. Después habló y dijo: Cayó, cayó Babilonia; y todos los ídolos de sus dioses quebrantó en tierra." Aquí vemos a los príncipes sentados a la mesa comiendo y bebiendo sin hacer caso de las advertencias del Señor para que estuvieran vigilantes. Finalmente fueron sorprendidos por el invasor. 3. Darío de Media toma el reino La identificación de "Darío de Media" ha sido un tema muy debatido entre los historiadores, ya que es una persona de la que no se encuentran datos en los anales seculares de los medos. Además, hay que decir que "Darío" era un titulo honorífico que usaban los gobernantes que ocupaban el trono, del mismo modo que lo fue Faraón para Egipto o Abimelec para los filisteos. Para su identificación nos puede ayudar un documento cuneiforme relacionado con la caída de Babilonia, la "Crónica de Nabonido" en la que se menciona a Gobrias como el general de las fuerzas de Ciro que capturó la ciudad de Babilonia. Este fue nombrado por Ciro como gobernador de la ciudad (y seguramente de la provincia), un cargo que ocupó hasta su muerte un año después. Él pudo haber adoptado el nombre de Darío durante ese tiempo. No olvidemos que el nombre de Dario significa "el que sostiene el cetro". Después de él Ciro de Persia fue constituido como rey de Babilonia, tal como se indica en (Dn 6:28). Belsasar es un buen ejemplo de muchas cosas: Era el tipo de persona que no disciernen lo precario de su situación y que deposita su confianza en cosas que en el momento crítico de su vida no le van a poder salvar. Ni la compañía de mil príncipes, ni la sabiduría de todos los sabios de Babilonia, ni tampoco todos sus dioses le pudieron librar de ser conquistado. Este rey proporciona un ejemplo de la forma en la que muchas personas reaccionan cuando se enfrentan con el juicio de divino: buscan la diversión para olvidarse de su situación real y de los peligros que amenazan sus vidas, llegando incluso a volverse insolentes contra Dios. La persona de Belsasar sirve para ilustrar también la arrogancia de gobernadores y de hombres de negocios poderosos de este mundo que desprecian a Dios. Ellos, al igual que Belsasar, un día tendrán que reconocer que Dios es el único soberano, y que todo lo que tienen se lo deben a él. El fin de la vida de Belsasar nos recuerda también a nosotros que Dios tiene contados nuestros días, juzga nuestras obras y castigará finalmente todo pecado. Dios se había revelado a Belsasar por medio de lo ocurrido con su padre Nabucodonosor, pero él no quiso hacer caso. Finalmente le comunicó su juicio por medio de cuatro palabras escritas en una pared. Nosotros también debemos atender a la revelación que Dios nos ha dado a lo largo de toda la historia, especialmente por la historia de su pueblo Israel, y aún más, por la de su propio Hijo Jesucristo. Además, no tenemos sólo cuatro palabras para conocer su voluntad, sino un libro entero, la Biblia, que nos informa detalladamente de todo lo que necesitamos saber acerca de Dios. La caída de Babilonia, previamente anunciada por Dios, sirve como demostración de que Dios está en el control de la historia de la humanidad. Él tiene la última palabra en este mundo.

miércoles, 23 de enero de 2019

DIOS ESTA EN CONTROL ABSOLUTO DE TODO LO QUE NOS OCURRE

- Daniel 1:1-21 Desde el primer capitulo del libro de Daniel, observamos de que trata de la historia de un período muy importante del pueblo de Israel; el tiempo de su cautiverio en Babilonia. Ahora bien, vamos a comprobar que es una historia personal, contada por unos jóvenes judíos que fueron llevados allí en la primera de las deportaciones que Judá, que el reino del sur, sufrió en aquellos días. Estos jóvenes, que no contarían en ese momento más de diecisiete años, fueron Daniel y sus tres amigos, Ananías, Misael y Azarías. Ellos tuvieron que enfrentar grandes pruebas de fe en una época de profundos cambios. Sin duda, considerar su valentía, convicción, fortaleza y dependencia de Dios, será para nosotros un fuerte estímulo para nuestra propia fe. Judá es llevada en cautividad a Babilonia (Dn 1:1-2) "En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios”. Como vemos, el libro comienza explicando algunos detalles sobre el trasfondo histórico de este período. El texto nos sitúa "en el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá”. Este Joacim fue el hijo mayor de Josías, un rey piadoso que había traído una importante renovación espiritual al país (2 Cr 34). Pero su hijo Joacim era totalmente distinto a él. Era un hombre infiel y necio. A diferencia de su padre, que se había conmovido con todo su corazón cuando en unas reformas del templo fue encontrada una copia de la ley, su hijo no siguió su ejemplo, sino que menospreció con todas sus fuerzas a los profetas que le hablaban de parte del Señor, y llegó incluso a quemar el rollo que Jeremías le entregó por medio de Baruc, y en el que estaban todas las profecías que Dios había hablado por medio del profeta durante los últimos años (Jer 36). Este rey impío, carente de cualquier temor de Dios, había conducido a Judá a su ruina espiritual y finalmente también a su cautiverio. Fue durante su reinado cuando Nabucodonosor rey de Babilonia vino por primera vez contra Jerusalén. Se apoderó de la ciudad en el año 604 a.C., llevándose un primer grupo de cautivos a Babilonia. Este fue el primer año del reinado de Nabucodonosor, que se correspondería con el tercer año del reinado de Joacim (Dn 1:1), o con el cuarto (Jer 25:1), dependiendo de si contamos el mes del comienzo de su reino según el sistema judío o el babilónico. Esta fecha es muy importante por dos razones. En primer lugar, fue en este primer cautiverio en el que Daniel y sus amigos fueron llevados a Babilonia. Y en segundo lugar, la fecha serviría para marcar los setenta años que los judíos permanecerían cautivos en Babilonia tal como había profetizado Jeremías (Jer 25:11) (Jer 29:10). Después de la muerte de Joacim le sucedió su hijo Joaquin, quien se rebeló contra Nabucodonosor, y éste volvió a sitiar Jerusalén. En esa ocasión, el rey y su madre, junto con los utensilios de la casa del Señor fueron llevados a Babilonia. También fueron transportados una gran cantidad de prisioneros, muchos más que en la primera ocasión (2 R 24:6-16). Sin embargo, la ciudad y el templo no fueron destruidos. En lugar de Joaquin reinó Sedequías, su tío. Él también se rebeló contra el rey de Babilonia, por lo que nuevamente vino Nabucodonosor y sitió Jerusalén. Después de algún tiempo Sedequías y sus hijos fueron capturados y llevados ante el rey de Babilonia. Sus hijos fueron degollados delante de Sedequías, y después a él le sacaron los ojos y le llevaron a Babilonia donde estuvo prisionero hasta su muerte (2 R 25:7). También fueron transportados el resto de los habitantes de Jerusalén, quedando únicamente los pobres de la tierra. Toda la ciudad fue destruida; sus muros, las casas de los nobles y el mismo templo (2 R 25:8-21). Esta última deportación tuvo lugar alrededor del 588 a.C. Todo lo que encontraron de valor en el templo de Jehová, y que los babilonios no se habían llevado en las ocasiones anteriores, fue transportado como botín de guerra. Hasta las imponentes columnas de bronce que Salomón había levantado en la casa de Jehová, las basas y el mar de bronce, todo fue quebrado a fin de poder ser transportado. Y una vez en Babilonia, todos aquellos utensilios sagrados fueron colocados en la casa de su dios (Dn 1:2) (2 Cr 36:7). Era una forma de decir que las deidades babilónicas habían vencido al Dios de Judá. Además, Daniel añade otro detalle interesante; dice que la casa de su dios estaba en la "tierra de Sinar”. Esta región en Babilonia era bien conocida en las Escrituras. Allí fue donde Nimrod edificó la torre de Babel (Gn 10:8-10). Este lugar representaba desde entonces la oposición organizada contra Dios (Gn 11:1-4). Cuando Daniel usa deliberadamente este antiguo nombre es porque quiere recordarnos el origen de este malvado poder mundano que se levantaba contra Dios. Ahora Babilonia reemplazaba a Jerusalén. El templo del dios de Nabucodonosor sustituía al templo de Dios en Jerusalén. De esta manera Judá pasó a estar bajo la autoridad de Babilonia, una potencia extranjera. Lo mismo había ocurrido casi cien años antes con Israel en la parte norte del país, cuando los asirios los deportaron de su tierra. Con esto comenzó un importante período profético para el pueblo de Israel que es conocido como "los tiempos de los gentiles” (Lc 21:24). El trono de David quedó vació, sin un auténtico heredero que lo ocupara. Es un período que abarca desde que Nabucodonosor conquistó Jerusalén hasta que el Mesías regrese. Será entonces cuando librará la tierra de Israel del poder de sus ocupantes gentiles y se sentará en el trono de David, dando desde ese modo comienzo al reino milenial. Sin embargo, en los días de Daniel la situación del pueblo de Israel era desoladora. No había rey de la dinastía davídica que les gobernara, en su lugar ocupaba el trono un funcionario colocado allí por Nabucodonosor, el rey de una potencia extranjera. Tampoco había templo, ni sacerdotes, ni siquiera quedaban sus utensilios sagrados. Todo había desaparecido. La misma ciudad había sido quemada y consumida por el fuego. Sus habitantes habían sido llevados como cautivos a cientos de kilómetros y ya no había nada en lo que pensar que les pudiera animar a regresar a su tierra. La situación era extremadamente grave, al punto de que pendía de un hilo su propia desaparición como pueblo de Dios. Pero contra todo pronóstico, Dios seguía estando en el control de la situación, tal como vamos a ver a lo largo de todo el libro de Daniel. Para empezar, el hecho de que los israelitas hubieran sido conquistados por potencias extranjeras no se debía a que sus divinidades fueran más poderosas que Jehová. Notemos cómo comienza nuestro texto: "El Señor entregó en manos [de Nabucodonosor] a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios? (Dn 1:2). Fue por la rebelión de su pueblo por lo que Dios permitió que fueran destruidos, pero él nunca dejó de estar en el control soberano de la historia. Simplemente estaba cumpliendo lo que les había anunciado una y otra vez por medio de sus profetas; algo que ellos podrían haber evitado si le hubieran querido escuchar. Así que Dios usó a los impíos babilonios como instrumentos de juicio sobre su pueblo Israel. La situación de Daniel y sus amigos en el palacio del rey (Dn 1:3-7) "Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos. Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey. Entre éstos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. A éstos el jefe de los eunucos puso nombres: puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego. 1. Daniel y sus amigos son transportados a Babilonia A lo largo de éste libro veremos la increíble influencia que Daniel y sus amigos tuvieron en el imperio babilónico y también en el persa, pero al comenzar nuestra historia, nada hacía pensar que esto pudiera llegar a ocurrir. Daniel y sus compañeros eran jóvenes judíos, seguramente adolescentes todavía, que vivían en Judá bajo el reinado de Joacim cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, conquistó el país y se los llevó cautivos. ¡Qué triste que siendo tan jóvenes ya tuvieran que haber presenciado la crueldad de los ejércitos babilonios irrumpiendo en sus casas, matando, violando y llevándose todo aquello que les parecía de valor! Ellos mismos eran de esos "objetos que habían reservado porque pensaron que les podrían resultar útiles en el futuro”. Pero podemos imaginar las terribles secuelas que todas aquellas escenas tuvieron que dejarles en la mente y el corazón. ¿Cómo podrían convivir en paz el resto de sus vidas con aquellos que habían matado a sus seres queridos y habían destruido todo lo que ellos amaban? Con frecuencia, muchas de las cosas que nos ocurren son la consecuencia de nuestras malas decisiones, pero ni Daniel ni sus amigos habían sido los causantes de esa tragedia nacional. Ellos fueron algunos de los muchos jóvenes que sufrieron las consecuencias del impío gobierno de Joacim. ¡Podemos imaginarnos cuánta amargura podría haber en ellos contra el descendiente de la casa de David que en aquellos días ocupaba su trono! Además, tal como dice el versículo 3, estos jóvenes eran "del linaje real de los príncipes”. Todo hacía suponer que su vida iba a estar llena de comodidades y lujos en la corte de Judá, pero ahora eran cautivos de una potencia extranjera. Quizás por algún tiempo tuvieron la esperanza de que esa situación fuera temporal, pero las continuas rebeliones de los reyes de Israel hicieron que Nabucodonosor los destruyera completamente, tal como hemos visto más arriba. Daniel y sus amigos verían las nuevas hornadas de prisioneros llegando a Babilonia y escucharían las noticias de la destrucción de Jerusalén y el templo. ¡No había nada que esperar! 2. Daniel y sus amigos son seleccionados para formarse en la escuela del rey de Babilonia Cuando los judíos llegaron a Babilonia, los funcionarios del rey recibieron la orden de seleccionar a algunos de ellos para servir en su administración. No hemos de olvidar que con cada nuevo país que Nabucodonosor conquistaba, iba formando un gran imperio para el que tenía que organizar una sólida administración que pudiera entender las lenguas y costumbres de aquellas naciones que estaba anexionando. Por esa razón, el rey encargó una cuidadosa selección a fin de encontrar algunos jóvenes que fueran "del linaje real de los príncipes”, en los que "no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey”. Aspenaz, jefe de los oficiales de la corte se encargó de supervisar esta selección en la que entre otros fueron elegidos Daniel y sus tres amigos. Es bastante razonable pensar que estos jóvenes judíos fueran castrados en aquel momento, dado que Aspenaz era el "jefe de los eunucos”. Esto explicaría por qué nunca se mencionan las mujeres e hijos de estos personajes. Así se cumplió lo que el profeta Isaías había antes anunciado: (Is 39:7) "De tus hijos que saldrán de ti, y que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.” Esta era una práctica común en el antiguo Próximo Oriente con la que se pretendía hacer que los jóvenes fueran más dóciles y que no se distrajeran con otros asuntos, sino que se ocuparan enteramente en estudiar y en aquellas tareas que se les asignase. Pero en todo caso, era una terrible humillación que les privaba de tener descendencia y también de los goces legítimos del matrimonio. Esto era así porque su vida entera tendría que estar dedicada a aquel rey que los había conquistado por la fuerza de las armas. 3. Daniel y sus amigos son formados en la escuela del rey de Babilonia Después de esto comenzó un proceso de formación intensiva en las mejores escuelas caldeas que duraría tres años, y en los que tendrían que aprender "las letras y la lengua de los caldeos”. Suponemos que este programa educativo también incluiría estudios de matemáticas, leyes, religión, arquitectura, astronomía y astrología. Por supuesto, con esta formación querían conseguir que fueran funcionarios útiles en el gobierno de Nabucodonosor, pero también querían terminar con cualquier rastro de su propia cultura y religión judías. La situación por la que ellos tuvieron que pasar no nos resulta desconocida a nosotros, porque también en nuestros días la educación pública en muchos países está diseñada para apartar a los niños y jóvenes de todos los principios morales y espirituales enseñados por la Palabra de Dios. 4. A Daniel y sus amigos se les asigna provisión de la comida del rey Sin duda "la provisión de la comida del rey” sería de la mejor calidad y variedad que se pudiera encontrar. No obstante, para un joven judío, aquello constituía un verdadero problema, ya que muchas de esas comidas no serían consideradas limpias por la ley levítica (Lv 11) (Dt 14:3-21). Como vemos, el proceso de transformación cultural al que estaban siendo sometidos no se limitaba exclusivamente a lo intelectual, sino que tenía que ver también con los aspectos más íntimos de su vida diaria, incluyendo hasta su dieta. Era el rey quien determinaba cuál era el menú. 5. El jefe de los eunucos cambia el nombre a Daniel y sus amigos. Seguramente hubo otros más que fueron seleccionados de entre los cautivos, pero aquí sólo se menciona a Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Seguramente esto se deba a que sólo ellos se comprometieron a mantenerse fieles a Dios. Así pues, ya que sus nombres honraban a Jehová el Dios de Israel, el jefe de los eunucos decidió cambiárselos. Daniel, cuyo nombre significa "Dios ha juzgado? o "Dios es mi Juez?, pasó a llamarse "Belsasar? que en lengua acadia significa "señora protege al rey?, seguramente en referencia a la esposa del dios Marduk o Bel. Ananías, que significa "Jehová ha sido misericordioso? se convirtió en "Sadrac?, que probablemente recoge la idea de que era temeroso de un dios. Misael, que significa "¿quién es como Dios? Recibió el nombre de Mesac, que seguramente tenga la idea de alguien que es de poco valor. Azarías, que significa "Jehová ha ayudado? fue nombrado como "Abed-nego?, "siervo de Nebo?, en referencia al dios Nebo. Aunque es difícil saber cuál es el significado preciso de los nuevos nombres, lo que quedaba claro es que Aspenaz estaba decidido a borrar de la corte de Babilonia cualquier testimonio del nombre del Dios de Israel, y con sus nuevos nombres quería recordarles su deber de sujetarse a los dioses de Babilonia. Era una forma más de romper cualquier vínculo con el pasado y que llegaran a asimilar como suyas la cultura y deidades babilónicas. Al fin y al cabo, ¿no habían sido vencidos por ellas? Después de todo ese proceso orientado a borrar de ellos cualquier seña de identidad de su nación y religión anteriores, estaban preparados para vivir y servir en la presencia del rey como verdaderos babilonios. Allí perdidos en medio de un gran imperio como el babilónico, rodeados de otro montón de jóvenes de distintas minorías étnicas, y siendo constantemente vigilados, poco era lo que podían hacer para resistirse. La devoción de Daniel y sus amigos a Dios (Dn 1:8-16) "Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse. Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos; y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza. Entonces dijo Daniel a Melsar, que estaba puesto por el jefe de los eunucos sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías: Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber. Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas. Consintió, pues, con ellos en esto, y probó con ellos diez días. Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey. Así, pues, Melsar se llevaba la porción de la comida de ellos y el vino que habían de beber, y les daba legumbres. 1. La determinación de Daniel Daniel y sus amigos estaban encerrados en una jaula de oro en la que disponían de suficientes provisiones. No obstante, como hemos señalado anteriormente, aquellos alimentos no cumplían con los requisitos establecidos en la ley mosaica. Además, probablemente habían sido ofrecidos previamente a las divinidades paganas. Al menos estos cuatro jóvenes sintieron un fuerte conflicto de conciencia por este asunto. Su integridad espiritual estaba siendo puesta a prueba. ¿Qué harían? ¿Comerían aquella sabrosa y exótica comida que el rey de Babilonia proveía para ellos y cederían así a sus convicciones espirituales? ¿Se atreverían a desobedecer las órdenes del rey para obedecer a la Palabra de Dios? ¿Soportarían la presión de grupo viendo cómo todos los demás jóvenes venidos de otras naciones aceptaban sin discusión todo lo que el rey les mandaba? ¿Aceptarían quedarse solos pareciendo unos fanáticos religiosos irracionales? Al fin y al cabo, allí nadie les veía, ¿qué podría pasar si hacían algunas concesiones? Dada su situación actual, ¿no estaba justificado dejar a un lado momentáneamente ciertas cuestiones de la ley judía? Cuando regresaran a su tierra ya volverían a comer sólo lo que Moisés había estipulado, pero estando en un país extranjero, con tantas dificultades para encontrar los alimentos permitidos, ¿no haría Dios una excepción con ellos? En una situación así, podían pensar ellos, lo que realmente le importa a Dios es el corazón, no lo que comemos. Aunque también podían asaltarles pensamientos de otro tipo: ¿Por qué hemos de ser fieles a Dios si él nos ha abandonado en este país inmundo? ¿Por qué no obedecer a los dioses de Babilonia si ellos han demostrado ser más poderosos que nuestro Dios? Al fin y al cabo, habían sido ellos quienes habían destruido el templo de Jerusalén y se habían llevado todos sus utensilios a la casa de su dios como si fueran un trofeo. Servir a Dios cuando estaban en Judá era mucho más sencillo. Allí no se tenían que enfrentar a estas complicadas decisiones. Además, tenían todo el apoyo de sus familias y amigos, pero aquí se encontraban completamente solos. Este era el momento de demostrar si tenían una fe personal y auténtica, o si por el contrario, su vida religiosa consistía únicamente en repetir ciertas tradiciones familiares en las que no tenían ningún tipo de convicción personal. Es en este contexto cuando Daniel "propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía”. Dado que no podía controlar la procedencia de los alimentos, decidió hacerse vegetariano, que era la forma más segura de mantenerse fiel en esas circunstancias. Daniel tomó la solemne resolución de vivir entre los babilonios como un auténtico israelita. Había decidido presentar batalla y enfrentarse a los planes del rey con los que buscaba hacerle olvidar su fe y su identidad. Él sería fiel a su Dios por encima de Nabucodonosor. No había podido impedir que lo llevaran cautivo a Babilonia, que le castraran, que le obligaran a estudiar ciertas cosas, o que le cambiaran el nombre, pero sí que podía decidir lo que iba a comer. Es asombrosa la firmeza con la que este joven defendía sus convicciones y buscaba ser fiel a Jehová. Su valentía es digna de reconocimiento y debe ser imitada como ejemplar. No cabe duda de que Daniel no estaba buscando ser popular. Él no era de los que pensaban que había que adaptarse; ser como los demás y no llamar la atención. Seguramente más de uno le dijo en esos días que con su actitud iba a perder todas las oportunidades de ascender en la corte del rey. Y Daniel no sólo sentiría la presión de muchos de los otros jóvenes, que quizá con buenas intenciones intentaban disuadirle de su actitud. Él sabía que negarse a cumplir una orden promulgada por el rey sería castigada de forma ejemplar. En nuestros días los cristianos seguimos sufriendo la misma presión para conformarnos al mundo en todas sus formas: vestido, diversiones, hábitos, forma de hacer negocios, la moral o la religión. Pero Dios nos manda que no nos conformemos al mundo, sino que constantemente seamos transformados: (Ro 12:2) "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” 2. El origen de la firmeza de Daniel Daniel es la misma persona desde el comienzo del libro hasta el final. En él no observamos ningún cambio de actitud frente a su Dios. Por ejemplo, durante el imperio medo persa encontramos en la corte del rey Asuero a Ester. En un principio ella guardó silencio sobre su nación, y sólo lo manifestó cuando se vio en peligro (Est 2:10,19) (Est 4:13-14). Es verdad que luego Ester tuvo una actuación valiente y muy inteligente, pero Daniel no dejó ninguna duda de su auténtica identidad como fiel creyente del Dios de Abraham desde el mismo comienzo de su estancia en Babilonia. Ahora bien, ¿cómo llegó a tener esas profundas convicciones? Probablemente hubo varias cosas que influyeron en su vida: Como ya hemos señalado, su nombre significa "Dios ha juzgado? o "Dios es mi Juez?, lo que evidencia que sus padres eran creyentes fieles que tenían temor de Dios. Ellos le inculcarían sólidos principios espirituales. Por otro lado, Daniel había nacido durante el reinado de Josías, un rey que buscó a Dios con todo su corazón y que de forma muy activa trabajó para eliminar los cultos paganos de Israel. Además, Daniel era contemporáneo del profeta Jeremías que había hecho oír la Palabra de Dios a todo Jerusalén durante los años anteriores a su cautiverio e incluso después de él. Daniel había recibido un fuerte testimonio que tuvo un impacto importante en su vida, aunque finalmente tuvo que ser él mismo quien aceptara a Dios de forma personal, no conformándose con ser simplemente un "israelita nominal? (Ro 2:28-29). 3. La petición de Daniel es concedida Después de proponerse en su corazón que no comería de la comida del rey, solicitó permiso al jefe de los eunucos para que "no se le obligase a contaminarse?. Como es lógico, el jefe de los eunucos manifestó sus reticencias a conceder la petición de Daniel. Él tenía la responsabilidad de asegurar el desarrollo físico y mental de estos jóvenes, y temía que lo que proponía Daniel perjudicara su cometido. Así que, aunque Dios puso a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos, no está claro si éste accedió a su petición. El dijo: "Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza? (Dn 1:10). En todo caso, Daniel estaba decidido a mantener su fidelidad al precio que fuera. El jefe de los eunucos temía al rey de Babilonia, pero Daniel temía al Dios del cielo, y no se iba a echar atrás. Así que hizo un nuevo intento y se dirigió a "Melsar, que estaba puesto por el jefe de los eunucos” sobre aquellos jóvenes. Finalmente éste accedió a las demandas de Daniel, no sabemos si ocultando el hecho a su superior o de acuerdo con él. La determinación y perseverancia de Daniel estaban dando fruto. La prueba propuesta por Daniel habría de durar diez días y después serían examinados para determinar los resultados. Daniel estaba seguro de que sus rostros se verían mejor que los rostros de los otros jóvenes que comían de la comida del rey. En este punto debemos notar que aunque la iniciativa surgió de Daniel, parece que los tres amigos se unieron a él y participaban de su convicción, aunque él era el líder de ellos, quizá por edad o por capacidad. Daniel estaba comprobando de manera personal que Dios en su soberanía tiene el control de cada situación. El mismo que había entregado a Joacim en manos de Nabucodonosor (Dn 1:2) tenía en su mano el corazón de todos los hombres. Dios está en el control absoluto de todo lo que nos ocurre. 4. El resultado de la prueba Al cabo de los diez días, el rostro de Daniel y sus amigos, que sólo habían comido legumbres, pareció "mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey”. Después de esto no hubo objeciones para que siguieran con su dieta de legumbres. Dios había respaldado a aquellos jóvenes que se habían propuesto en su corazón agradar a Dios. Daniel entre los sabios de Nabucodonosor (Dn 1:17-21) "A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños. Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor. Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey. En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino. Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro. Aunque estos cuatro muchachos habían estado siendo preparados por los maestros designados por Nabucodonosor, en realidad era Dios quien les daba "conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias”. Podríamos decir que la capacitación divina obró juntamente con la formación académica que habían recibido de sus maestros y la potenció más allá de los límites normales de otros muchachos. El resultado fue que tenían una capacidad extraordinaria para razonar con inteligencia y lógica en las diferentes áreas del saber en las que habían sido entrenados. Pero además de esto, "Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños”, lo que implicaba tener un don especial que iremos apreciando a lo largo de todo el libro. Era un don parecido al que le fue dado a José cuando estaba en Egipto. En ambos lugares, en Babilonia y en Egipto, las personas esperaban escuchar la voz de Dios por medio de visiones y sueños, y él se adaptó a sus preferencias a fin de comunicarse con ellos. Ahora bien, no debemos pensar que Daniel usaba las mismas artes mágicas que todos aquellos magos, astrólogos, encantadores, hechiceros y adivinos de los que se rodeaba Nabucodonosor. En su caso, era un don divino que recibía por revelación directa de Dios sin necesidad de hacer el tipo de ritos que ellos hacían. Finalmente, estos jóvenes hebreos no sólo sobrepasaron a sus compañeros, sino también a sus propios maestros. Esta es la conclusión a la que llegó el mismo rey Nabucodonosor una vez que los examinó. "Los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino”. Se trata de una expresión idiomática que significa "muchas veces mejor que los demás. Por esta razón, el rey determinó que estuvieran siempre delante de su presencia. Dios cumplía así lo que había prometido: "Yo honraré a los que me honran” (1 S 2:30). Ellos habían propuesto en sus corazones no contaminarse con el mundo y Dios los honró con un puesto de enorme dignidad en la corte real al lado de personas de mucha más edad que ellos. Y aunque les ofrecería muchas oportunidades para comunicar la Palabra de Dios en las más altas esferas del imperio babilónico, también se despertarían contra ellos grandes celos de parte de los otros sabios caldeos. Daniel al menos estuvo allí "hasta el año primero del rey Ciro”. Por (Dn 10:1) sabemos que también estaba activo "en el año tercero de Ciro”. Es decir, permaneció durante todo el imperio babilónico y continuó trabajando con el imperio medo persa después de la terminación del exilio judío. Seguramente tuvo una importante influencia en este último acontecimiento. Daniel fue un hombre de extraordinaria sabiduría y percepción espiritual, al que le tocó vivir en unos tiempos de repentinos cambios que sacudían el mundo. Pero mientras todo eso ocurría, él mantenía un pie en la tierra mirando los asuntos a su alrededor con sensatez y aplomo, mientras que tenía otro pie colocado firmemente en las cosas eternas. Esto le llevó a vivir en este mundo sin ser de él, tal como el mismo Señor Jesucristo pidió al Padre en su oración por sus discípulos: (Jn 17:15-17) "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” Desde esa posición Daniel veía con claridad las tentaciones a las que su fe se tenía que enfrentar. Por un lado el peligro de perder su identidad como creyente en el Dios del cielo, pero por otro, asimilarse a la cultura de su tiempo. Él no hizo ninguna de estas dos cosas y por esa razón pudo ser un siervo de Dios útil a su generación. Notamos también que fue fiel en lo poco y que Dios le prosperó por ello. Como enseñó el Señor en la parábola de los talentos: (Mt 25:21) "Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Con frecuencia los problemas nos paralizan, y llegamos a pensar que no podemos hacer nada para el Señor. Daniel podría haber pensado de ese modo. Sin duda, como hemos considerado en este capítulo, su situación era mucho peor que la de la mayoría de nosotros. Pero él no se rindió. Y no lo hizo, no porque fuera un idealista absurdo, sino porque tenía fe, y la fe siempre nos lleva a vivir una realidad superior. La fe es la que marca la diferencia.

viernes, 18 de enero de 2019

¿SI EL SEÑOR JESUCRISTO ES MI PASTOR...? NADA ME FALTARA

(Sal 23:1-6) "Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días." 1. El libro de los Salmos y el Salmo 23 El libro de los Salmos ha tenido siempre un encanto especial para los creyentes de todos los tiempos. En ellos encontramos las experiencias de los creyentes del Antiguo Testamento que también vivieron en medio de la maldad de este mundo. A nosotros, los cristianos de hoy, no nos resulta difícil identificarnos con ellos, y usar sus cánticos para acercarnos a Dios y obtener el mismo consuelo y fortaleza que ellos encontraron en él. De entre todos los Salmos, el 23 es sin duda uno de los más conocidos y apreciados. En sus versos los creyentes han encontrado aliento y confianza para afrontar las diferentes etapas de la vida. En especial, ha acompañado a muchos en su lecho de muerte y han sido iluminados por sus versos en el tramo final de su viaje a la presencia del Señor. 2. La figura de Cristo en el Salmo 23 Para el lector cristiano resulta difícil la lectura de este Salmo sin pensar casi automáticamente en Cristo, "el buen pastor", cuya figura es reiteradamente exaltada en el Nuevo Testamento: (Jn 10:11) "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas." (He 13:20) "Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno..." (1 P 2:25) "Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas." 3. El contexto del Salmo 23 Al comenzar éste Salmo, debemos notar la relación que tiene con el anterior y el siguiente: En el Salmo 22 podemos ver al "buen pastor que su vida da por las ovejas" (Jn 10:11) (Is 53:6). El salmista profetiza con todo lujo de detalles acerca de cómo serían "los sufrimientos de Cristo". A partir de ahí, la muerte dejó en él su aguijón, y ya no tiene más poder para dañar al hijo de Dios. En el Salmo 24 se nos describen las glorias que vendrían tras estos sufrimientos: "Alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria" (Sal 24:9). En medio de los dos está el Salmo 23, que nos habla de las experiencias del cristiano desde el día en que llegó a ser beneficiario del supremo sacrificio de Cristo hasta el momento cuando participará de la gloria con él. 4. Esquema del Salmo En cuanto a la composición del Salmo, podemos ver que se centra en dos metáforas: el pastor (Sal 23:1-4) y el anfitrión (Sal 23:5-6). Pero también podemos bosquejarlo pensando en todas las etapas de la vida del creyente: (Sal 23:1-3) La vida presente donde toda necesidad es suplida por el pastor. (Sal 23:4) El paso por la muerte donde su compañía nos libra de todo temor. (Sal 23:5-6) El disfrute de la eternidad donde todo deseo será cumplido. "Jehová es mi pastor" 1. La experiencia de David como pastor David, el autor de este Salmo, comienza refiriéndose a Dios como su pastor. Todos recordamos que en su adolescencia él había sido pastor de ovejas y en su cuidado de ellas había llegado a tener experiencias que marcaron su vida. (1 S 17:34-37) "David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo..." Pero ahora David no está pensando en sí mismo como pastor, sino que en este Salmo asume la posición de oveja que se siente cuidada por Dios mismo. Y si David había protegido con delicadeza a sus ovejas, y las había defendido aun a riesgo de su propia vida, ¿cómo no haría Dios mucho más a favor de él? 2. El nombre de Dios, "Jehová" Notemos también que David se refiere a Dios por su nombre "Jehová". Esto es significativo porque este nombre subraya el hecho de que él es el único que vive y existe por sí mismo, el Eterno. Toda otra forma de vida, desde el invisible virus que vemos en el microscopio, hasta el arcángel que está delante del gran Trono de Dios, todo depende y se deriva de él. Y David conocía a este Todopoderoso Ser como su Pastor. "Mi pastor" Es interesante ver la confianza con la que David se refiere a Dios como "mi Pastor". Se sentía parte de su rebaño y bajo su protección. Y esta es precisamente la puerta de entrada para disfrutar de todas las bendiciones que a continuación vamos a ver en este Salmo; si Dios no es nuestro Pastor de una forma personal, todo lo demás no pasará de ser una bella poesía, pero de ninguna manera logrará traer consuelo verdadero a nuestra vida. "Nada me faltará" Las ovejas son animales que necesitan ser constantemente guiados y cuidados. Tal vez sea por esto que el creyente es comparado con ellos. David, como una de las ovejas que era cuidada por el Señor, manifiesta su completa confiaba en la bondad solícita de Dios para asegurar todo lo necesario, tanto en el presente como en el futuro. Como veremos a lo largo del Salmo, la provisión divina incluye cosas tan variadas como alimento y bebida, descanso, protección, restauración, compañía, aliento, dirección, consuelo, gozo, felicidad y gloria. El salmista percibe que el hombre tiene necesidades más profundas que las del cuerpo, y sabe que sólo en Dios pueden ser satisfechas. Nuestro mundo moderno necesita darse cuenta urgentemente de este hecho: el hombre es mucho más que un cuerpo, tiene también alma y espíritu, y nuestra cultura materialista y de consumo siempre fracasará en traer la felicidad al hombre porque no tiene en cuenta estas otras facetas, y las ignora para centrarse en exclusividad de las necesidades del cuerpo. ¡Cuántas personas en este mundo se encuentran como el hijo pródigo de la parábola de Jesús: "yo aquí perezco de hambre" (Lc 15:17)! La única forma de tener la vida en plenitud es volviéndonos a Cristo, sólo en él podemos estar completos (Col 2:9-10). (Fil 4:19) "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús." ¡Grabemos estas palabras en nuestros corazones y cuando lleguen los momentos de prueba repitamos: "Jehová es mi Pastor, nada me faltará"! "En lugares de delicados pastos me hará descansar" En las tierras desérticas de Judea, el pastor sabía lo agotador que era para el rebaño andar kilómetros por zonas áridas, a menudo bajo los rayos de un sol abrasador. Pero también conocía dónde estaban los oasis y allí conducía a sus ovejas para proporcionarles descanso, alimento y agua en un ambiente apacible. Siempre es alentador saber que Dios conoce nuestras circunstancias y las dificultades por las que atravesamos en la vida, y podemos estar seguros de que a su tiempo nos conducirá en su sabiduría y bondad hasta su gracia reparadora. Este es el descanso que los hombres buscan inútilmente fuera de Dios. "Nos has creado para ti mismo, ¡oh Dios!, y vagaremos errantes hasta que encontremos en ti nuestro reposo", dijo San Agustín, y esta verdad ha sido plenamente demostrada en la experiencia de los hombres de todos los tiempos. Recordemos la invitación que hizo el Señor Jesucristo: (Jn 10:9) "Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos." "Junto a aguas de reposo me pastoreará" A lo largo de toda su peregrinación por el desierto, al pueblo de Israel nunca le faltó ninguna de estas dos cosas: el maná enviado del cielo y el agua pura que manaba de la roca (1 Co 10:3-4). Esto fue una clara evidencia del cuidado pastoral que Dios tuvo a favor de su pueblo a lo largo de toda su peregrinación por el desierto durante cuarenta años. Sin comida ni bebida, el pueblo de Dios perece, y Dios nos invita una y otra vez a fortalecernos en él, en lugares de reposo, en la intimidad con él. Sólo de esta forma podremos llevar fruto en nuestras vidas que le glorifiquen. Nunca podremos descansar si no satisfacemos el hambre de nuestro espíritu y apagamos su sed, y para eso es necesario atender la voz de Jesús: (Jn 6:35) "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." Hoy en día vemos también a muchos creyentes insatisfechos, agitados y sin descanso. En estos casos, el problema no es que Dios ha fallado como pastor, sino que la oveja se ha alejado de la comunión con él. No es extraño que perdamos nuestro descanso cuando correteamos de acá para allá, siguiendo los caprichos y las fantasías de nuestro malvado corazón. La única forma de recuperar la paz perdida es volviendo al Señor. "Confortará mi alma" La idea es que "restaurará mi alma" o "reparará mis fuerzas". Esto nos habla de una renovación espiritual profunda, algo que va mucho más allá de un mero alivio. El profeta Isaías lo expresó de una forma muy bella: (Is 40:29-31) "El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán." ¡Qué importante es esto! Dada nuestra naturaleza caída, no sólo necesitamos que el Señor nos alimente; desgraciadamente también pecamos, y por eso necesitamos ser restaurados y renovados una y otra vez a la comunión con él. Igual que la oveja descarriada es llevada nuevamente de regreso al redil donde es curada de las heridas que ha sufrido y vuelve a caminar con el rebaño, así también nosotros. El mismo rey David había experimentado una y otra vez esta obra de restauración de parte de Dios cuando él se había apartado y pecado. Podemos verlo en el Salmo 32 y el 51. Y como David, nosotros también nos apartamos fácilmente de los caminos del Señor, no estamos atentos a su dirección, desobedecemos, entramos en estados de letargo e indiferencia espiritual, decaemos, perdemos la ilusión por las cosas espirituales, dejamos de leer nuestra Biblia y de orar, no sentimos ánimo por compartir el Evangelio con otros, perdemos la paz, nos encontramos en un estado de permanente ansiedad, malhumorados... todos estos son síntomas de que necesitamos ser restablecidos urgentemente por el Señor. Podemos ver un hermoso ejemplo de cómo el Buen Pastor llevó a cabo esta restauración en el caso del apóstol Pedro: Durante la última cena le advirtió de que le iba a negar tres veces, pero también le dijo que había orado por él para que su fe no faltara. Después de que Jesús fue arrestado y de que Pedro le había negado tres veces, sus miradas se cruzaron en el patio del sumo sacerdote. No fue una mirada de ira, sino de tierno reproche. Una vez que Jesús hubo resucitado tuvo especial interés en que Pedro conociera rápidamente esta noticia. Unos días después, Cristo tuvo un encuentro personal con Pedro en el que por tres veces le dio la oportunidad de manifestar su arrepentimiento y amor por él. Y a partir de ahí quedó plenamente restaurado. Cuando pecamos, nos sentimos mal, y es entonces cuando el diablo viene a nuestra vida para llenarnos de vergüenza por lo que hemos hecho y para convencernos de que en ese estado es mejor no ir todavía al Señor. Sin duda alguna, esta es una de sus estrategias más efectivas. Pero no debemos escucharle. El Señor siempre nos da una grata bienvenida cuando regresamos arrepentidos. El es nuestro Sumo Sacerdote que siempre está intercediendo por nosotros. Cuanto más tiempo retrasamos nuestro regreso al Señor, más terreno gana el adversario de nuestras almas. Y lo hermoso del perdón y la restauración del Señor es que con ellos siempre vienen nuevas oportunidades de servicio al Señor. El profeta Joel lo expresó de la siguiente manera: (Jl 2:25-26) "Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado." "Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre" 1. Necesitamos ser guiados por el Señor En oriente, el pastor va siempre delante de las ovejas para descubrir los rodales de hierba más verde y mejor; y el sendero con menos pedruscos. Y aunque la oveja no sabe a dónde es llevada, confía en el pastor y le sigue. Nosotros también deberíamos aceptar que necesitamos ser guiados por el Señor. Y sabemos que esto es así porque cuando elegimos nuestros propios caminos, esto termina normalmente por causarnos muchos problemas. Nos cuesta aceptar que el sitio de mayor bendición para nosotros es siguiendo a Cristo lo más cerca posible, y dejándonos guiar por él. 2. Sus sendas son de justicia Notemos también que al tratarse de los creyentes, estas "sendas" adquieren un sentido moral, por eso son descritas como "de justicia". Debemos entender con ello que el camino por el que el Señor nos va a llevar siempre es un camino de rectitud moral. 3. Lo hace "por amor a su Nombre" "Por amor de su nombre" nos recuerda que lo hará para reivindicar el honor de su palabra y lo inmutable de su fidelidad. Cuando decidimos separarnos de esta senda, nuestras actitudes acarrean vergüenza y deshonor al buen nombre del Pastor. Pero nuestro testimonio no debe consistir únicamente en una actitud negativa para con el pecado, sino que debemos manifestar sin cesar, tanto a través de nuestras palabras como de nuestros hechos, el exquisito perfume de Aquel cuyo "Nombre es como ungüento derramado" (Cnt 1:3). "Aunque ande en valle de sombra de muerte" Este versículo ha sido cantado por muchos creyentes en su lecho de muerte y les ha ayudado a transformar el oscuro valle en claro día. 1. Las situaciones oscuras de la vida Pero notemos que el salmista no sólo piensa en el momento de la muerte. Lo que está diciendo es que aún en la circunstancia más sombría de la vida, que sin duda es la muerte, aún allí tiene plena confianza en que el mismo Dios que ha iluminado su camino durante toda su vida, también lo hará en esas circunstancias extremas. Porque lo cierto es que todos nosotros atravesamos situaciones oscuras y peligrosas en esta vida en las que necesitamos de la protección y el ánimo del Señor. Como ovejas estamos siempre expuestos a múltiples peligros, ya sea por animales salvajes o por ladrones que se lanzan sobre el rebaño. Pero a pesar de nuestra debilidad, podemos exclamar como el apóstol Pablo: (Ro 8:36-37) "Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó." Los primeros cristianos que vivieron en medio de una sociedad pagana y hostil, encontraron fuerzas y ánimos en Cristo como el Pastor. La figura del pastor con la oveja sobre los hombros representando a Cristo, se encuentra con frecuencia en las catacumbas y en las tumbas de los cristianos de los primeros tiempos. 2. Mirando a la muerte cara a cara ¡Qué difícil es mirar cara a cara a la muerte! Rápidamente apartamos nuestra mirada y pensamos en otra cosa. Aun los más valientes tiemblan en esos momentos. Pero el cristiano sabe que es sólo una nube que hace "sombra", pero que detrás brilla el sol con claridad. Y esto es así porque Cristo venció la muerte, y lo que ahora queda de ella es solamente una sombra. (He 2:14-15) "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre." "No temeré mal alguno" Alguien ha dicho que los peores males de la vida son los que no existen excepto en nuestra imaginación. Con frecuencia la incertidumbre sobre el futuro es más difícil para nuestra fe que la presión por algún mal presente. Recuerdo la historia de cierta mujer negra que se ganaba penosamente la vida con su trabajo, pero cuyo corazón siempre estaba alegre y siempre victorioso. "¡Ah Nancy! Le dijo un día una señora melancólica que en el fondo envidiaba y criticaba a la vez el gozo de esta pobre sirvienta. Está bien estar alegre y jocosa cuando todo va bien, pero piensa un poco en el futuro. Suponte que caes enferma y que no puedes trabajar, ¿para qué entonces tus aleluyas? Suponte también que tus amos dejan el país y que no encuentras trabajo, y suponte..." "Pare, señora, interrumpió la mujer; yo, entienda usted, no supongo nada. El Señor es mi Pastor, y sé perfectamente que nada me faltará; y además son todos estos supuestos lo que en el fondo, la hacen a usted infeliz. Bien haría con desecharlos y confiar plenamente en el Señor". Ya sea que miremos al presente o hacia el futuro, nunca debemos olvidar que el Señor nos ama y nos cuida, y esto hará desvanecerse todo temor. (1 Jn 4:18) "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor..." "Porque tú estarás conmigo" Notemos el cambio de pronombre. Hasta este momento el salmista ha hablado del Señor en la tercera persona "él", pero cuando llega el momento de atravesar el valle de sombra de muerte, el salmista utiliza la segunda persona "tú". Otro cambio que percibimos es que el pastor ya no va delante guiando al rebaño, sino que ahora se coloca al lado de la oveja para atravesar por un lugar difícil. La única razón válida para no temer a la muerte y a las dificultades que puedan surgir en nuestro caminar por esta vida se encuentra en el hecho de que el Señor está con nosotros. Él tiene todos los recursos necesarios y está a nuestro lado. Además, él mismo ya ha pasado por ese camino de muerte y ahora se coloca junto a nosotros para acompañarnos y que no nos sintamos solos. Volvamos a escuchar la promesa del Señor: (Mt 28:20) "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." "Tu vara y tu cayado me infundirán aliento" 1. La vara y el cayado La vara era un garrote, generalmente acabado en una bola en la que se incrustaban agudos y fuertes pinchos y se usaba para luchar contra las fieras. Por lo tanto, tenía el propósito de defender a las ovejas. El cayado o báculo era usado como medio de apoyo y también para guiar al rebaño y corregir a las ovejas. Estas dos cosas en las manos del pastor nos inspiran confianza y aliento. La protección y dirección que como ovejas necesitamos, las encontramos en el Señor y son simbolizadas aquí por la vara y el cayado. 2. La disciplina A primera vista, no parece que haya mucho consuelo en la disciplina. A nadie nos gusta que nos corrijan. El más leve golpecito de la vara nos duele. Pero debemos ver en ello el amor de Dios: (He 12:5-8) "Habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos." Dios nos disciplina porque nos ama y quiere hacer de nosotros personas más santas. Un herrero cristiano que pasaba por muchas aflicciones fue interpelado un día por un incrédulo, quien le preguntó por la causa de ellas. He aquí la explicación que le dio. "Sabe usted que soy herrero, ¿verdad? Pues bien, cuando trabajo, tomo un trozo de hierro, lo pongo al fuego y luego lo sumerjo en el agua, después lo golpeo con el martillo para ver si alcanza la resistencia necesaria. Si es así, lo caliento de nuevo al máximo repetidas veces, y al final lo coloco sobre el yunque y fabrico una herramienta sólida capaz de servir durante muchos años. Pero si estimo que no podrá servir porque no sufre la prueba del fuego, lo arrojo al montón de la chatarra para venderlo por unos céntimos. Yo creo que mi Padre celestial me ha puesto a prueba para ver si resisto. Me ha sumergido en el fuego y en agua y he intentado soportarlo con paciencia. Todos los días oraba: ¡Señor, si lo juzgas bueno, ponme en el fuego. Haz de mí todo lo que desees, con tal que no me tires al montón de la chatarra!". "Aderezas mesa delante de mí" En este punto del salmo nos encontramos con un cambio de metáfora. Para David, Dios era mucho más que su Pastor, y a continuación pasa a describirlo como un Anfitrión que ha preparado un espléndido banquete al que el salmista es invitado como huésped. Es imposible agotar todo lo que Dios es para el creyente bajo los estrechos límites de una sola figura, por muy sugerente que ésta sea. 1. La hospitalidad oriental Son bien conocidas las reglas de la hospitalidad entre los orientales en tiempos bíblicos. El huésped no sólo era acogido en la tienda o casa del anfitrión, sino que era agasajado admirablemente. La comida y bebida servidas con generosidad solían ser precedidas de prácticas casi rituales; proveer agua para que el huésped pudiera lavarse, ungir su cabeza o derramar sobre ella ungüento, besarlo, etc. (Lc 7:44-46). Además el huésped gozaba de la protección de su anfitrión; bajo su techo encontraba un cobijo sagrado que ningún enemigo tenía derecho a invadir (Gn 19:5-8) (Jue 19:21-24). 2. Invitados a la casa de Dios por su misericordia Cuando pensamos en que Dios nos invita a su casa, esta es una idea que nos sobrecoge. Recordemos las palabras de Cristo: (Jn 14:2-3) "En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré ora vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis." Esto sólo puede ser posible por la misericordia de Dios. No hay otra forma de explicar que aquellos que éramos enemigos de Dios, seamos invitados a su casa y allí recibamos todos sus favores. Encontramos en la Biblia un caso que ilustra muy bien esta verdad. Se trata de Mefi-boset, un niego de Saúl, aquel que había sido enemigo mortal de David. Lo curioso es que cuando David llegó a reinar sobre Israel, no aniquiló a toda la descendencia de se antecesor, como hicieron tiempo después otros muchos reyes. David se interesó por los descendientes de Saúl con el propósito de hacer con ellos misericordia: (2 S 9:1) "Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?" Y fue encontrado Mefi-boset, que inmediatamente fue llevado a la casa del rey. No es difícil imaginarse todo el temor que aquel descendiente de Saúl tendría cuando llegara al palacio real. Su abuelo había intentado una y otra vez dar muerte a David, ¿qué podía esperar ahora que hiciera con él? Pero su sorpresa tuvo que ser mayúscula cuando el rey le habló: (2 S 9:7-11) "Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo? Entonces el rey llamó a Siba siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que fue de Saúl y de toda su casa, yo lo he dado al hijo de tu señor. Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos, para que el hijo de tu señor tenga pan para comer; pero Mefi-boset el hijo de tu señor comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos. Y respondió Siba al rey: Conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey." Este es un ejemplo maravilloso de la increíble gracia de Dios. 3. Compromiso Otro detalle que también debemos recordar es que en el mundo del Antiguo Testamento, comer y beber a la mesa de alguien era una manera de establecer un vínculo de lealtad mutua, y podía significar la culminación de los arreglos para la concertación de un pacto. Así fue en la última cena, cuando Jesús dijo: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre" (1 Co 11:25). 4. Comunión Sentarse juntos a la mesa tiene que ver también con la comunión. Es un buen momento no sólo para compartir alimentos, sino sobre todo amistad y comunión. Por ejemplo, cuando nos sentamos a la mesa del Señor, la finalidad es tener comunión entre nosotros y con el Señor: (1 Co 10:16-17) "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan." Notemos también que esta invitación a la casa de Dios, no se trata de algo ocasional, para unos días. No, Dios no nos trata como si fuéramos algún conocido al que invita a pasar un día. Él quiere que estemos por toda la eternidad en su casa. Recordemos las últimas palabras del Salmo: "Y en la casa de Jehová moraré por largos días". 5. Celebración También es significativo que este banquete se celebra "en presencia de mis angustiadores" o "enemigos". Tal vez la escena nos presente la celebración de una victoria, en la que los enemigos están presentes como cautivos. En ese caso, el salmista podría observar las caras de odio de sus enemigos, dirigiéndole feroces miradas, pero incapaces de hacerle ya ningún daño. Nada puede impedir el disfrute del banquete que Dios le ha preparado. Inevitablemente tenemos que pensar en el momento en que el Señor celebró la última cena con sus discípulos. Afuera los enemigos estaban tramando su destrucción, buscando el momento para prenderle, pero mientras tanto, en el interior de aquel aposento alto, el Señor establecía un pacto que sellaba la victoria que iba a conseguir por medio de su muerte y resurrección. Así que, a pesar de todo lo que ocurría fuera de aquellas puertas, el Señor hablaba de tal manera que nada hacía pensar sino en su triunfo absoluto. (Jn 16:33) "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." 6. El banquete La Escritura nos dice que el Señor Jesucristo presidirá el banquete celestial al que todos los creyentes hemos sido invitados (Ap 19:7-9). Y sobre la mesa podremos ver todas las bendiciones espirituales que él compró para nosotros por su propia sangre. En cierto sentido, podríamos decir que la mesa ilustra todo lo que Cristo es para nosotros. "Unges mi cabeza con aceite" La costumbre en las fiestas orientales era que el dueño de la casa diera la bienvenida a sus invitados derramando sobre sus cabezas delicados perfumes según iban entrando. 1. Sugiere frescura y plenitud Comparando con otros pasajes, vemos que esta unción es un verdadero refresco para el alma del creyente (Sal 92:10), al mismo tiempo que una fuente de gozo (Sal 45:8), de la misma manera que su ausencia es signo de luto (2 S 14:2) y de tristeza (Mt 6:16-18). 2. Sugiere permanencia El Nuevo Testamento también trata sobre la unción que nosotros hemos recibido por medio del Espíritu Santo. Esta unción permanente nos confirma que somos de Cristo. (2 Co 1:21-22) "Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones." (1 Jn 2:27) "Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros..." Deberíamos manifestar siempre este olor agradable de la unción que hay en nosotros. Pero desgraciadamente, con frecuencia entristecemos y contristamos al Espíritu Santo anulando así los efectos benditos de esta unción divina. "Mi copa está rebosando" El salmista considera también su copa llena a rebosar, con lo que parece querer indicar la plenitud de las bendiciones de Dios que estaba recibiendo. El Señor no sólo quiere darnos vida, sino "vida en abundancia" (Jn 10:10). Aunque no debemos olvidar que para que nosotros disfrutemos de estas bendiciones y podamos tomar "la copa de la salvación" (Sal 116:13), fue necesario que Cristo apurara hasta el fin la amarga copa del juicio (Mt 26:42). "El bien y la misericordia me seguirán todos los días" El anfitrión no considera acabada su tarea cuando el banquete había llegado a su fin. El huésped tiene que proseguir su camino, y fuera aún hay enemigos. Por eso le ofrece una escolta de dos hombres fuertes que lo acompañen y protejan hasta su destino. A modo de guardaespaldas van a acompañarle "el bien y la misericordia", que permanecerán entre él y sus adversarios, de modo que éstos nunca lleguen hasta él. El bien para proveernos de cuanto necesitemos en el camino, y la misericordia para perdonar nuestros pecados. En cierto sentido podemos decir que el beneficio de haber sido ungidos con el Espíritu Santo, se prolonga indefinidamente sobre nosotros, y no sólo en el momento en que lo recibimos. "Y en la casa de Jehová moraré por largos días" Como ya hemos tenido ocasión de comprobar, el salmista nos va presentando continuamente nuevas escenas de nuestra peregrinación terrenal. Cada una de ellas es un cuadro vivo en el que tenemos que meditar. 1. El regreso a la casa de Dios Probablemente David estaba pensando ahora en su regreso a Jerusalén y al santuario. Para él la casa de Dios no era simplemente algo para la eternidad, sino una realidad presente. Veamos cómo lo expresa en otro Salmo: (Sal 27:4) "Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo." Nosotros también deberíamos anhelar el comenzar a vivir así en la casa de Dios en este tiempo. 2. Nuestra morada eterna Probablemente David no estaba pensando en una vida inmortal en la casa celestial de Dios. Pero la expresión es asumida por el cristiano con su mirada puesta en la "casa del Padre", donde Cristo prepara lugar para él (Jn 14:2-3). Ésa es la meta última al final de nuestra peregrinación en la tierra. La fe, con los ojos puestos en tan glorioso destino, ha sostenido y alentado a incontables creyentes a la hora de su muerte. El cristiano sabe que partir de este mundo es ir a estar con Cristo y que con él está asegurada eternamente su suerte. 3. La casa de Jehová ¡Qué poder tan mágico encierra la palabra hogar! Y ¿qué es lo que hace que sea tan amada? Es el lugar donde estamos en familia, con los seres queridos. Jesús lo expresó así: "Para que donde yo esté, allí también estéis vosotros". Lo que nos mueve a desear la casa de Dios es fundamentalmente el deseo de estar en la presencia de Dios y entrar en su reposo. "4. Por largos días" David podría estar refiriéndose a una estancia prolongada en Jerusalén, pero también puede ser entendido como una alusión a la eternidad. No olvidemos que somos invitados a su casa no como un visitante que está de paso, sino como hijos que formamos parte del hogar. ¡Qué hermoso será aquel día!